No toleraba la incertidumbre
Lo irónico es esto.
Fui responsable de innovación en una compañía de seguros.
La que empujaba cambios, lo nuevo, lo distinto.
Y sin embargo, cuando me tocó vivir mi propio cambio, me sentí fuera de lugar.
Porque una cosa es liderar innovación desde un rol, con estructura alrededor.
Y otra es sostener la incertidumbre cuando sales del mundo corporativo y ya no hay “marco” que te sostenga.
Hay una frase que escucho mucho en mujeres en transición y que, sinceramente, podría haber dicho yo
Me encanta trabajar.
Lo que no tolero es la incertidumbre.
Y no es falta de capacidad. Es cambio de terreno.
En corporativo, tu valor se entiende por el cargo, el contexto, el sistema.
Fuera, tu valor hay que definirlo, contarlo y sostenerlo sin garantías.
La incertidumbre no se siente como teoría. Se siente en cosas pequeñas.
Por ejemplo, cuando tienes que presentarte.
Sabes que tienes que dejar de hablar del pasado…
pero el pasado te da seguridad.
Lo que estás construyendo hoy no siempre se siente igual de sólido.
Y ahí aparece esa duda silenciosa
“¿Esto que elegí tiene tracción?”
“¿Y si tengo que empezar de cero otra vez?”
El primer año fue duro por una razón que no esperaba
Mucha gente cree que lo duro del primer año es estar desbordada.
En mi caso, lo más duro fue lo contrario.
No tener nada que hacer.
Por primera vez en mi vida no tenía una agenda llena. Y ahí entendí algo incómodo: si no ponía estructura yo, el día se me iba… y con él, mi sensación de dirección.
Así que me creé un hábito que fue más importante de lo que pensé
bloquear mi agenda para leer y aprender.
No tenía claro qué quería hacer.
Y no me desesperé por encontrar respuestas rápidas.
Abrí mi mente. Leí. Escuché podcasts. Audiolibros.
Eso me permitió mirar mi historia con más calma, entender qué me movía de verdad y empezar a construir desde ahí.
No fue productividad. Fue reconstrucción.
Y luego vino el siguiente reto: que el mercado entienda mi valor hoy
Porque una cosa es saber mucho.
Otra es que el mercado entienda rápido para qué eres buena hoy.
Ahí entra algo que muchas veces se evita, pero es clave
la visibilidad.
No como postureo.
Como traducción.
Hacer visible tu valor puede tomar muchas formas: conversaciones, alianzas, networking bien hecho, escribir, participar en espacios, dar charlas… o sí, también contenido.
En mi caso, lo que vino después fueron los videos.
No porque “todas tengan que hacer videos”.
Sino porque era el formato que, con el tiempo, me ayudó a generar cercanía.
Y aun así, me costó.
Antes de grabar uno me repetía tres cosas simples
hay que hacerlo.
estoy aprendiendo.
no tiene que ser perfecto.
Lo que hago hoy cuando acompaño a mujeres en esta segunda mitad
No empiezo pidiéndoles que “definan su propósito” en una sesión.
No mucha gente puede enunciar su propósito el primer día. Y está bien.
Empiezo por lo real
entender qué les llena y qué les drena, qué parte de su historia ya no quieren repetir, y cómo traducen su experiencia a un lenguaje que el mercado actual entienda.
Porque muchas mujeres senior no están perdidas.
Están en terreno nuevo.
Y en terreno nuevo, la experiencia no se pierde. Se traduce.
Tres recordatorios que valen oro en esta etapa
1. Tu experiencia sí vale. Solo hay que adaptarla a este mercado en evolución constante.
2. No necesitas empezar de cero. Necesitas traducir lo que sabes para que otros lo entiendan y lo elijan.
3. La claridad no llega pensando más. Llega moviéndote con intención. Paso a paso. Sin perfección.
Si estás en tu segunda mitad y vienes del mundo corporativo, es normal que la incertidumbre te pese.
No significa que no puedas.
Significa que estás aprendiendo a moverte sin el mapa de antes.
Y eso también es una forma de innovación.